Plaza Colón de Luján

Se ve caminar su sendero una y mil veces, a toda hora, pero pocos rincones que guarda la plaza se pueden recordar. Las estatuas; las variedades de árboles, arbustos y flores; la fuente; y monumentos, entre otros.  Es el simple hecho de la cotidianeidad que pone una venda en los ojos para prestar atención solo a los asuntos que hacen la caminata por allí. A unas pocas cuadras de la imponente basílica, sobre la calle principal, la plaza es un orgullo para la ciudad.Muchas veces utilizada para cortar camino en horario bancario, frecuentada por enamorados, por fotógrafos que no quieren dejar de capturar el gran atractivo, para los recién casados, o la charla mañanera de los jubilados que pasan las horas sentados en los bancos debajo de los arboles.

 

 

Cuando Luján portaba la característica de Villa, allá por 1755, la manzana correspondía a los campos de pastoreo del Cabildo de Luján. Los vecinos echaban sus animales para cuidarlos de las aguas desbordadas del río, ya que hasta allí no llegaban las frecuentes inundaciones. Se denominaban las tierras del “alto” en contraste con las del “bajo”, que hacían referencia a las tierras de la plaza Belgrano.No solo fue utilizado para el campo de pastoreo, también tuvieron lugar las tropas del general Izquierdo que acamparon en 1835 en las dimensiones de la actual plaza.En el año 1854, el terreno tomó como nombre oficial “campo de pastoreo” de la Corporación Municipal.

 

Fue en 1882 que adquirió el nombre de Plaza Colón. Esa zona tenía como destino la construcción de nuestro gran templo. También se llegó a la idea de ubicar allí el edificio del Banco Nación, pero como podemos ver ambos proyectos fueron un fracaso. En 1887, el intendente municipal de ese entonces, Octavio Chávez, colocó faroles a querosene y en el centro construyó una rotonda de material, en la cual se colocó un molino de viento y motor,para abastecer de agua a la población.Hoy, en ese lugar, existe un cantero central en el que en 1910 se colocó la piedra fundamental de un monumento a Cristobal Colón pero luego el proyecto quedo en el olvido. En También se ubicó un cofre con periódicos de época y medallas alusivas como testimonio. En ese período, además, los jueves y domingos se presentaba la banda musical municipal.

 

Fue también en 1910 cuando Juan Barnech compró el terreno en la manzana de enfrente y reunió materiales para levantar el edificio de la nueva casa Municipal, la cual debería brillar en compañía de los diferentes verdes y especies al dejar atrás al campo de pastoreo. La casa Municipal con sus reconocidas estatuas y el reloj que se encuentra encima de la puerta principal se inauguró ese mismo año por el intendente Juan Kaiser. Poco a poco la plaza fue adquiriendo cariño de los placeros y con la colaboración de los especialistas llego a la convertirse en la gran vista que la caracteriza.

 

En 1926 aparecieronlos primeros bancos de piedra, alrededor de los cipreses que fueron plantados por Carmelo Yáñez. Unos pocos años más tarde se realizaron plantaciones de nuevos árboles, flores, construcción de arcos de hierro, canteros y pérgolas. El intendente de la época, don Federico Fernández de Mojardín estuvo muy involucrado en la adhesiones de la plaza, y en 1930 el comisionado municipal de turno incorporó bancos de mayólicas españoles.

 

“En el cactario había entre las rocas una serpiente de cemento que custodiaba la virgen que se encontraba arriba. Un día la serpiente desapareció. No se sabe si la robaron o la destruyeron, pero algunos empezaron a contar que en realidad había cobrado vida y que estaba escondida en algún rincón de la plaza. Hubo gente que lo creyó y no se atrevía a cruzar la plaza por dentro”. Cuenta Estaban Pontaquarto, uno de los vecinos que fomentó el proyecto de restauración.

 

En 1949 se designó adon Ricardo Brero como director de parques y paseos. Los turistas valoraban la conservación y el gusto de su cuidador por el buen mantenimiento de la plaza, en donde se convinaba la belleza, la naturaleza y tranquilidad. En 1991, se firmó un convenio entre los “Amigos de la Plaza Colón” y “Amigos del Árbol” para la conservación y embellecimiento de la misma. Ese mismo año, además, se colocó una placa en honor a Ricardo Brero, entre la diagonal de Moreno y Mitre. En la década de 1980 la poetiza y escritora Dulce Margarita Pereyra de De Gregorio presentó proyectos para la atención de las especies arbóreas, embellecer la plaza y señalamiento de las especies arbóreas.

 

Entre los rincones de la plaza se destacan: el Escudo de Luján, frente a la calle San Martín; un bebedero de piedra, donde una mayólica evoca la reunión que allí se realizó entre vecinos que fundaron el Club Colón en 1951; el monumento a San Martín; el monolito a los próceres de Mayo, con la placa de bronce en homenaje a los Próceres de Mayo al cumplirse 150 años del nacimiento de la patria; las bellísimas estatuas que la pueblan, como la Niña del vestido Recogido, La Mujer Entrando Al Agua, La Madre y su Hijo, La Joven de los Pámpanos y las Vides. Hay además un Estanque y grupo Escultórico de una Mujer y un Niño. El estanque hace años se encontraba sembrado de peces de colores que convocan a los chicos a toda hora. Pueden encontrarse siete bancos de mayólicas rodeando el cantero circular del centro de la plaza y una variedad de árboles y plantas maravillosa, que en su momento, convocó al Municipio y a la Universidad Nacional de Luján, para el desarrollo de un proyecto de señalización de cada una de las especies.

 

Se han encontrados escritos en reconocidos diarios donde señalan a nuestra plaza como la mejor del país. Según comentarios de diarios El Mundo y La Nación, y viajeros llegó a ser de las mejores plazas del continente. Uno de esos testimonios la describió de tal forma: “Caminar por sus senderos es hacerlo por el interior de un cuadro”. Este es un comentario impactante, lleno de emoción, ya que al tenerla cerca podemos reconocer el esplendor de la plaza sumado al cariño que se tiene por la ciudad, pero escuchar que tenga tanta repercusión en Latinoamérica, o que sea considerada la más bella de América, sorprende por la gran competencia que tiene con otras de la región. Hoy, algunas de las características que identificaban lo relevante de la plaza, como lo mencionado anteriormente, se perdieron (los peces y la variedad de colores que nos regalaban las flores), pero notamos claramente que la plaza se encuentra en reconstrucción para que vuelva a lucir como nos tenía acostumbrado en viejas épocas,  con el amor que alguna vez le dieron sus cuidadores.

 

En la actualidad se está llevando a cabo un proyecto de recuperación de la Plaza. La iniciativa surgió hace unos meses, más exacto en junio de este año, en el cual un grupo de 6 vecinos empezó a contactarse a través de las redes sociales y por correo electrónico. Comentan que quienes conocieron la plaza en su esplendor vieron la necesidad de hacer algo por ella. Con el tiempo, lograron sumar a esta gran idea algunos vecinos. Y además, el grupo de vecinos consiguió contactar con otro grupo, algunos comerciantes, que al igual que ellos habían empezado a preocuparse por el angustioso estado de la plaza a la que estaban acostumbrados a ver brillar. El objetivo del proyecto era aportar al gobierno municipal ideas, proyectos, planes, etc. para comenzar con la recuperación. Ahora, el plan se encuentra en manos del gobierno, y ya se han puesto en marcha las primeras actividades de recuperación. “Creemos que entre 3 a 5 años puede volverse a recuperar la plaza”. Detalla Esteban, integrante del grupo de vecinos.

 

Se pueden sumar vecinos de cualquier edad. El contacto se establece a través de “recuperemos la plaza Colón”, una página que se encuentra en facebook.  Como lo mencionaron el grupo de vecinos, día a día se suma gente, empresas, entidades en la que trabajan en conjunto para volver a tener ante sus ojos la plaza que alguna vez supieron recorrer, disfrutar. El proyecto es una buena oportunidad para imitar el buen gesto de este grupo de vecinos que tiene para con la plaza, la ciudad y los vecinos, y tomar conciencia que debemos cuidar de aquellas cosas que se encuentran para beneficio nuestro, que al fin y al cabo son nuestras y debemos cuidar y  conservar desde las acciones más pequeñas que realizamos.

 

 

Por Josefina De Mattei

 

 

 

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