Panadería y Confitería Lucca de Luján

“—A Don Luis Lucca los clientes que iban a comprar le preguntaban, ¿tiene bizcochos Canale? Haciendo referencia a los reconocidos bizcochos Lucca. Él se enojaba y sacaba corriendo a quienes llamaban a los bizcochos por otro nombre—“ (Anécdota recordada por los vecinos de Luján.)

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Una de las esquinas más conocidas es sin duda la de Lucca. Para todos nosotros su ubicación es un punto de referencia en el centro de la ciudad. Pan, facturas, galletas, masas, tortas, bizcochos, masitas dulces y los reconocidos sándwiches de miga. El interior de los hornos seduce a cada persona que se acerca a la esquina de Lavalle y Mariano Moreno, principalmente aquella que da a la cuadra, lugar de la elaboración. Desde sus ventanales llenos de luz se pueden ver los estantes repletos de mercadería. En lo alto, el negocio familiar no olvida su historia, y la recuerda con cuadros de fotografías y recortes de diarios locales que los han hecho noticia.

 

Su frente se caracterizaba por dos grandes letreros que encerraban la puerta de entrada que daba justo en la esquina. Arriba, el nombre Lucca escrito en cursiva. De noche, apenas las puertas se cerraban con postigos. Se trabajaba a la luz de las velas. Los policías acostumbraban a tomar mate a altas horas de la madrugada con los maestros panaderos. Era común que pasara la guardia a controlar las calles. Sonaba el silbato a la espera de que los policías estuvieran al frente. En esa ocasión estos últimos que se encontraban en la panadería salían del negocio arreglándose la ropa. De esa forma aparentaban haber ido al baño. Como esta anécdota, la panadería que lleva 138 años de vida dedicados a brindarles el pan a los vecinos guarda decenas de historias.

La creación de lo que hoy es una de las pocas empresas familiares que se mantiene en pie proviene de Ángel María Lucca, que con apenas 21 años embarcó desde Italia. Luego de algunos años de adquirir experiencias en el rubro, Ángel comenzó a fabricar pan casero y repartirlo por las casas. Sus clientes fueron en aumento y entre ellos se encontraba la familia de Florentino Ameghino.  Su prestigio fue creciendo. Hasta llegó a brindarle el pan diario al general Mitre, quien fue presidente de la Nación, cuando estuvo preso en el cabildo de nuestra ciudad.

 

En 1875, luego de trabajar en sociedad unos meses con Juan Bardi, Ángel Lucca quedó como único dueño de la panadería que en un principio era de Sebastián Marín y que se encontraba en la calle Mariano Moreno entre Lavalle y San Martín. Casado y nacido el primero de sus siete hijos, Ángel ordenó construir su vivienda y el local comercial en la esquina de Mariano Moreno y Lavalle, que hoy es un símbolo de la ciudad. Siempre, excepto los primeros meses desde su comienzo, la panadería se ubicó en la tradicional esquina que la identifica Desde ese momento toma el nombre de “Italiana”. Luego, sus descendientes lo reemplazarían por “Panadería Lucca Hnos.”

 

—Cuando empezó la panadería no había electricidad. En la amasadora, que es una maquina que tiene una pileta con brazos que amasa el pan, se echan todos los ingredientes y la masa se va mezclando. De la máquina se conectaban unos caños que iban hasta el techo. Una varilla los unía con otros caños que se dirigían hacia un cuarto, en donde había un burro con una venda y una correa que, con un palo, hacia mover el eje al ir en círculo. Todo esto impulsaba a la amasadora para elaborar el pan. Todo funcionaba así en esa apoca porque no había electricidad— Comenta Santiago Scorzato, quien se encuentra agradecido por continuar el legado familiar.

 

En 1911, Ángel dejó su gran creación a sus hijos Pablo y Luis, ayudados por dos de sus hermanas. Luego de la muerte de su hermano Luis quedó a cargo del negocio. En sus manos, labor de ocho décadas, la panadería Lucca se ganó el reconocimiento de toda la comunidad, no solo por la exquisitez de la elaboración de sus productos, que ya marchaba de generación  en generación, sino por la amabilidad y solidaridad de Luis y su esposa. Su apellido alcanzó una gran reputación por la generosidad que guardaban con todos los vecinos, tanto en el negocio como las instituciones en la que don Lucca participó con su trabajo para el crecimiento de la ciudad. 

 

En 1953 se hicieron cargo los hijos de Luis: Marne, Amilcar, Luis y  Carlos. Además, tenían dos hermanas, Llanda y Celsa. Los primeros tres fueron los que siguieron en la panadería, ya que Carlos se desvinculó para dedicarse a la docencia. De allí, los tallos del árbol genealógico se incrementaron pero la cuarta generación, Elsa, Fernando Luis y María Teresa Lucca fueron los que continuaron al frente del local. Hoy, además, se adiciona la quinta generación: Marcos y Santiago Scorzato. El negocio mantiene la solidaridad que desde hace décadas la caracteriza. Continúa con la donación de una parte de su elaboración a instituciones como el jardín Negrito Manuel donde una sala lleva el nombre Luis Lucca. También colabora con Cáritas, escuelas y jardines públicos.

El local junto con la casa que se esconde detrás, donde vivía Teresa (tía de Luis Jorge), fue modificándose a través de los años. En cuanto al interior, era más chico. Se hicieron habitaciones en el piso de arriba. La cuadra, el lugar donde se elabora el pan a diario, también fue modificado. Los hornos, que estaban ubicados sobre la pared que da a la calle Mariano Moreno, hoy se encuentran del otro lado de la habitación, sobre la pared que da al interior de la manzana. La sandwhichería se modificó y mudó a donde era la cocina de la antigua casa. En el frente se colocaron los azulejos azules.

 

La elaboración de los productos desde los inicios comienza desde muy temprano. A las tres y media de la mañana el maestro panadero empieza a marcar el pan. Luego se prenden los hornos y se cocinan las facturas, el pan, las galletas y el pan integral. A las siete y media comienza la elaboración para el día siguiente, por el proceso de fermentación, donde son guardados en una cámara. A la una, los empleados comienzan a amasar el pan. La cuadra cuenta con tres hornos, los cuales dos de ellos funcionan a leña. Estos se conservan en las panaderías antiguas ya que elaboración en la actualidad requiere de hornos eléctricos, no se usa más la leña o el gas. Hornos históricos, que miden  7x5 metros y que mantienen cálido, hace alrededor de 60 años, el corazón de la panadería. El horno que resta es eléctrico. Un acontecimiento con respecto a los hornos data que hace mucho tiempo, la producción debió trasladarse por un corto período a la panadería Rols, donde se llevaba el pan a cocinar ya que la panadería sufrió el desplome de los hornos al cambiarlos del sitio original.

 

La municipalidad le otorgará el sábado 24 a las 14hs un merecido reconocimiento por los años dedicados. Se llevará a cabo un acto en el que se colocará una placa con la distinción de "Panadería Lucca en el 138º Aniversario de su fundación. 'Sitio Significativo de la Ciudad de Luján'. Dr. Oscar Luciani Intendente Municipal y Junta Municipal de Estudios Históricos".

 

 

Por Josefina De Mattei

 

 

 

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