Hotel de la Paz de Luján

Pocos edificios de la ciudad tienen el privilegio de hacer sentir que el tiempo no corre cuando apenas se ingresa. La deslumbrante puerta giratoria, impecable, con sus vidrios pincelados de blanco, y sus detalles de bronce permite que cada persona que la atraviesa viaje a otra época. Al igual que las salas, que con la delicada luz que penetra por las cortinas y el decorado añejo engalanan la estadía.

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No cabe duda que por el edificio atravesaron  abundantes sucesos, hechos que guarda el hotel en el tiempo, pero que son imposibles de encontrar derramados en tinta. La historia se reconstruye a través de las memorias que los clientes dejan en el camino o por medio de testimonios que expresan los vecinos de la ciudad.

 

Las raíces del hotel relatan de 1870, aunque en los planos del piloto De la Rea ya en el año 1755 existía una casa en ese terreno. La propiedad, a lo largo de su historia, estuvo en manos de varios dueños que la adquirieron por herencia o por compra. Comenzó siendo una fonda de vascos con cancha de pelota, lo que actualmente es el largo salón de entrada. Contaba con un gran restaurante, donde llegaban a comer hasta 400 personas. Por este motivo, hubo muchas situaciones en las cuales los peregrinos se hospedaban en el piso superior, ya que a la ciudad llegaban en carruajes familias completas desde varios kilómetros de distancia.

 

“Un colectivo fervor patriótico inspiró a aquellos hombres a festejar el centenario de nuestra independencia. Don Juan G. Kaiser, intendente por ese entonces, y Juan B. Barnech, presidente de la Municipalidad, no escatimaron esfuerzos para el pago de la Virgen dijera presente ante tan importante conmemoración. El programa fue emotivo y extenso, pero yendo al grano, o mejor dicho, al plato, los hijos de Luján, cumpliendo con el ritual manducatorio, se reunieron el día 28 a las 12 horas en el salón del Hotel de la Paz, para participar, tenedor en mano de un banquete en homenaje a la grandeza de la patria”.

 

Vestigios de lo que fue el hotel hace tiempo pueden encontrarse en el estacionamiento contiguo, ya que, el edificio llegaba hasta la calle san Martin, continuaba hasta la calle Francia y su frente terminaba unos metros más hacia la calle Mitre. Luego esos metros se fueron vendiendo, y es en 1970 cuando el hotel adopta la estructura y dimensión actual, que excepto las habitaciones que se crearon ese año, el resto conserva los cimientos del año 1870.

 

Un dato relevante refiere a que estamos frente a un importante patrimonio para nuestra ciudad. El padre Salvaire, quien estuvo a cargo de la creación de la basílica, habitaba como huésped en una de las habitaciones en ese período. Este hecho da cuenta de que los orígenes del hotel se asentaron tiempo antes de que finalizara la construcción de la basílica.

 

El sector de hotelería cuenta con 14 habitaciones construidas en 1970, la única gran reforma que tuvo el edificio. Además, el hotel De la Paz posee las habitaciones de la parte antigua, la mayoría con vista a la calle, que se comunican entre sí, como una casa de la época. En el presente, este sector funciona como hostel por carecer de baño privado, una característica de los hospedajes de la época.

 

Alude a un conjunto de ocho habitaciones donde residen huéspedes que viven de forma permanente o que suelen ser ocupadas por contingentes. Los habitáculos que dan al frente tienen el privilegio de la gran vista que se impone detrás de las cortinas, la inmensa iglesia con su mirada a la plaza, y de fondo, la melodía de las campanadas que hacen sumergir al turista en una reluciente utopía añeja.

 

—Por su estructura, su historia, por los personajes que pasaron por acá como Evita, Perón, el padre Salvaire, Leguizamo, Botana y Firmenich, entre otros, el hotel tranquilamente podría ser un patrimonio a cuidar— Considera Mauricio Markert, encargado de la hotelería.

 

Actualmente, el hotel solo cuenta con desayunador. Allí se encuentra una exposición permanente de cuadros de Hueso Ricciardulli, que está abierta al público en general. Además, el salón se puede disfrutar para la realización de fiestas, y en muchas ocasiones el hotel brinda eventos culturales. Un cálido lugar que ofrecía un gran lujo para la época y que todavía lo conserva.

 

 

Por Josefina De Mattei

 

 

 

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